En defensa de la Inteligencia Artificial Por Carlos Anós Anchóriz
Cada vez que la humanidad se asoma a una frontera tecnológica sin precedentes, el primer impulso no es la fascinación, sino el miedo. Sucedió en el siglo XIX con la llegada del ferrocarril: Dionisio Lardner y otros sabios de la época sostenían que el cuerpo humano no soportaría viajar a más de cuarenta kilómetros por hora, augurando el colapso de los pulmones o la demencia instantánea de los pasajeros.