El acusado de guardar droga en una caja fuerte del piso tutelado donde vivía lo niega y dice que era de un compañero
La Fiscalía pide dos años de prisión y la defensa solicita la libre absolución
El acusado de guardar droga en una caja fuerte encontrada en el piso tutelado en el que vivía lo ha negado y ha asegurado que tanto la caja como las sustancias pertenecían a un compañero con el que residía y con el que no tenía buena relación.
Así lo ha manifestado este martes en el juicio contra él que se ha celebrado en la Audiencia Provincial de Cantabria por un delito contra la salud pública de sustancias que causan grave daño y que ha quedado visto para sentencia.
La Fiscalía pide para él una pena de dos años de prisión, mientras que la defensa ha insistido en la libre absolución del enjuiciado y la nulidad de las pruebas, al alegar que la caja pudo ser manipulada, que se rompió la cadena de custodia y que no se realizaron diligencias como la toma de huellas o la identificación del resto de usuarios del piso, sobre el que una testigo ha matizado que se trata de una vivienda supervisada y no tutelada.
Según ha declarado el hombre, que fue consumidor y que en aquel momento se encontraba en tratamiento psicológico, vendió la caja fuerte a uno de sus compañeros con el que no tenía una buena relación y se quedó con una de las llaves.
Ha señalado que en la vivienda había un ambiente "turbio" y que por ella pasaban personas que no eran las usuarias. "Se oía todo a través de las paredes", ha dicho, a lo que ha añadido que "olía a porro".
Ante la sospecha de que el compañero podría estar guardando droga, abrió la caja con la llave que se había quedado, en la que encontró las sustancias, hecho que puso en conocimiento de la supervisora del piso, del tutor del implicado y de los servicios de emergencias, ha asegurado el acusado.
Ese día, ha indicado, tenía una cita médica a la que no acudió por "miedo a ser ingresado" y por lo que estaba "muy nervioso". Y ha añadido que le reiteró a la supervisora sus sospechas, quien le dijo que lo comprobaría, ha subrayado.
TENSIÓN Y MIEDO.
Por su parte, la supervisora ha declarado que los días de los hechos los vivió "con tensión y con miedo" y que hay situaciones concretas que no recuerda. Según ha señalado, fueron los usuarios quienes le alertaron de la existencia de la caja, la que cree que apareció en la habitación que el enjuiciado compartía con otro compañero.
Ha sostenido que no había problemas entre ellos, salvo con uno, al que el implicado vendió la caja, pero sí ha admitido que había un "mal" ambiente, y ha coincidido con el procesado en que había personas en el piso que no eran usuarias y que también sospechaba del consumo de hachís por parte del compañero citado porque "había colillas".
La testigo ha dicho que buscó la caja y la abrió con la llave que le facilitó el implicado, y que aunque no sabía qué era lo que contenía, intuyó que "no era bueno".
Así, se puso "nerviosa" y la cogió por "protección de los demás", la llevó a la policía local del municipio donde ocurrieron los hechos, que, a su vez, requirió a la Guardia Civil y la custodió.
En el plenario también ha declarado el agente local que realizó el atestado y ha señalado que en la caja había bolsas grandes de cocaína y bastantes pastillas en botes pequeños. Preguntado por la posibilidad de que la droga fuera manipulada, ha manifestado que no lo parecía.
SORPRENDIDO
Tras escuchar a los testigos, en el ejercicio del derecho a la última palabra, el acusado se ha mostrado "sorprendido" por la declaración de la supervisora y ha reiterado que la caja estaba en la habitación del compañero.
Practicada toda la prueba, las partes han elevado a definitivas sus conclusiones. La Fiscalía ha mantenido su acusación de dos años de prisión.
Por su parte, la defensa ha pedido la nulidad de las pruebas y la libre absolución, ya que ha sostenido que no se han cumplido las garantías para un procesamiento penal y que no ha quedado constatados los hechos que se atribuyen al acusado.
Sé el primero en comentar